Primeras impresiones – Folklands
Constructor de ciudades sin presión

Folklands es un prometedor constructor de ciudades que actualmente se encuentra en su fase de acceso anticipado. Desarrollado por el equipo de Bromantic Games, se pone como base la de establecer y hacer prosperar un asentamiento en un entorno de estética pixel art con un encanto nostálgico. GamePress nos ha cedido una clave para Steam que hemos podido utilizar desde su lanzamiento en early access en español desde el 24 de marzo de 2025.
Su lanzamiento ha generado una expectación moderada, y al menos un 80 % de reseñas positivas en Steam. Y en parte lo hace porque cuenta con una estética que evoca clásicos como The Settlers y Anno 1800, pero además se puede ver que tenemos mecánicas inspiradas en Manor Lords y Pioneers of Pagonia. Así pues, este juego apuesta por la nostalgia sin descuidar innovaciones modernas, encontrándonos con gestión de recursos profunda, construcción colaborativa y un mundo a nuestro gusto.
PRIMERAS IMPRESIONES
Al arrancar Folklands, nos recibe una interfaz limpia y funcional, sin grandes artificios, pero clara y directa. El menú principal nos invita a crear una nueva aventura con una serie de configuraciones que determinan el tipo de mapa, la abundancia de recursos y la geografía del entorno (tamaño, nivel de agua…). Esta primera interacción ya nos anticipa la naturaleza sandbox del juego, donde la exploración y la adaptación al entorno serán claves. No hay cinemáticas, ni música épica: la ambientación se construye desde la sobriedad.
La estética pixel art, si bien en un primer momento puede parecer algo tosca con esos contornos negros al acercar la cámara, revela un encanto particular al alejarnos, y su apuesta por una visión isométrica con gráficos sencillos pero efectivos no crea el efecto de mundo vivo y detallado.
El género se define claramente como un constructor de ciudades con elementos de gestión de recursos y simulación de vida, donde la satisfacción de las necesidades de nuestros habitantes será primordial para el crecimiento y la estabilidad del asentamiento.
Los primeros pasos en Folklands son los más cruciales. Podemos elegir entre seguir un tutorial sencillo o lanzarnos directamente a la construcción. Al comenzar, debemos establecer el punto inicial de nuestro asentamiento. A partir de ahí, el juego nos va llevando de la mano — sin forzarnos — a crear las primeras estructuras como la cabaña del constructor, caminos y casas para nuestros habitantes. La conexión de los edificios mediante caminos de tierra se presenta como un paso crucial para el transporte de materiales, aunque la interfaz inicial para la construcción de carreteras podría resultar algo menos intuitiva.
Hay cierto margen de ensayo y error, lo que puede ser frustrante al principio si no se ha jugado el tutorial, pero también forma parte del encanto de aprender a manejar nuestra aldea paso a paso.
A medida que nuestro asentamiento evoluciona, Folklands despliega una variedad de mecánicas interconectadas que mantienen al jugador inmerso en la gestión y el desarrollo. La tala de árboles y la extracción de piedra se convierten en la base de la construcción, mientras que la edificación de un aserradero transforma los troncos en tablones, un material de construcción esencial. Cuidado con gastar la madera de una zona, ya que habrá que redirigir a los leñadores hacia otro bosque, o bien replantar el mismo. La satisfacción de las necesidades básicas de nuestros habitantes, como vivienda, comida y agua, se vuelve una prioridad. La construcción de casas proporciona un hogar y espacio para nuevos colonos, mientras que pozos y cabañas de bayas aseguran el suministro de sustento. La introducción de un mercado actúa como centro de distribución, requiriendo mercaderes y transportistas para su correcto funcionamiento.
El juego introduce una capa de complejidad interesante al requerir la construcción de almacenes para una gestión más eficiente de los recursos, permitiendo al jugador designar qué materiales se almacenan y contratar trabajadores para agilizar el transporte. Además, cada habitante parece tener su propia personalidad y estado de ánimo, reflejado en sus pensamientos y necesidades, lo que añade una dimensión de simulación social que recuerda a otros títulos del género. La gestión de la felicidad se convierte en un factor crucial para atraer nuevos colonos y permitir la mejora de las viviendas.
No hay enemigos, no hay invasiones. El desafío está en mantener felices a nuestros habitantes: asegurarse de que tengan comida, refugio, descanso y energía. La clave del juego es entender cómo fluyen los recursos, cómo se conectan las estructuras y cómo se organizan los ciclos de trabajo y descanso de nuestros ciudadanos.
La expansión del asentamiento se desbloquea mediante la construcción de una torre de exploración, que amplía las fronteras y permite acceder a nuevos territorios. Con el crecimiento, surgen nuevas necesidades, como la protección contra incendios, lo que introduce la construcción de estaciones de bomberos y la contratación de guardias. El juego parece seguir una progresión lógica, donde el crecimiento de la población desbloquea nuevas estructuras y desafíos, manteniendo al jugador constantemente ocupado en la optimización y expansión de su Folkland.
El ritmo es lento, pero ese es precisamente el objetivo. Es un juego para quienes disfrutan de ver cómo una pequeña comunidad florece a base de decisiones acertadas.
SENSACIONES Y DESEOS
La rejugabilidad reside en los mapas procedurales y los desafíos de eficiencia (optimizar rutas de transporte, maximizar cadenas de producción). La longitud de las partidas varía según el tamaño del mapa, pero incluso en «normal», una partida puede extenderse horas sin repetir mecánicas.
Folklands es un homenaje sólido a los city builders clásicos, con suficiente innovación para atraer a nuevas generaciones. Su sistema de producción en cadena y la atención al detalle en la gestión de colonos son destacables, aunque la experiencia actual se siente incompleta por las limitaciones típicas del Early Access.
Folklands se presenta como una propuesta acogedora y con potencial dentro del género de los constructores de ciudades. Su estética pixel art, aunque con algunos detalles mejorables, tiene un encanto particular y clásico, y la mecánica de gestión de recursos y necesidades de los habitantes resulta adictiva. La progresión gradual y la introducción de nuevas estructuras y desafíos mantienen el interés del jugador.
Ideal para jugadores que buscan una experiencia pausada, sin combates ni estrés, para disfrutar con una taza de café al lado, viendo cómo poco a poco nuestro mundo virtual cobra vida. No busca revolucionar el género, pero lo que hace, lo hace con cariño y detalle. Es probable que te sientas como en casa.
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