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Un Vampiro en mi Jardín

Un vampiro en mi jardín es, dentro de la miríada de animes a los que tenemos acceso hoy día, algo diferente, original. Se trata de una miniserie de 5 capítulos de 30 minutos, que podrían haber sido una película y por suerte no lo fue, ya que a la historia le sienta genial este formato.

 

 

Para empezar, decir que este es un anime adulto. Pero no adulto por lo típico; sangre, violencia, sexo… Es genuinamente adulto por temática y tratamiento de la trama. Lo que los japoneses llaman “Seinen”, por ir introduciendo palabros.

La historia, aun discurriendo en un futuro distócico y fantástico, donde los vampiros controlan la mayor parte del territorio, y los humanos tratan de sobrevivir y contraatacar desde enormes fortalezas, tira mucho de la tradición más clásica del vampiro. Tanto es así que Ryoutarou Makihara se inspira en Carmina, de Shirindan Le Fanu, el padre de los cuentos de fantasmas irlandés. Carmina es una de las obras seminales del vampirismo moderno, influyendo poderosamente en el Drácula de Bram Stoker, nada menos.

En la obra de Le Fanu, una vampira sufre un accidente a los pies del castillo y los humanos deciden cuidarla. Aquí pasa algo parecido, pero es la humana la que necesitara ayuda en este entorno de hostilidad en el que se desarrolla la obra. Pues el trasfondo siempre será la guerra y sus horrores, sin privarnos esto de momentos intimistas llenos de ternura que se entrelazan con la violenta y vibrante acción.

 

 

Las protagonistas, Momo y Fine, han dado la espalda a sus respectivos mundos, no quieren más odio, y eventualmente se ven juntas en su huida en pos de una supuesta tierra prometida. Su periplo en estos 5 capítulos es vertiginoso y emotivo, es un anime perfecto para hacerse un maratón y entrar de lleno en esta curiosa distopía, y sobre todo en la psicología y el corazón de estas dos mujeres, luchando en un mundo imposible para ellas y del que tratan de huir desesperadamente, cueste lo que cueste.

El apartado visual ayuda, una animación muy bonita y fluida, buscando el realismo en ese ambiente tenebroso en el que se mueve la historia, y fantásticamente llevada en los momentos de acción con apenas algún foco o antorcha como fuente de luz, que son muchos. En cuanto a ambientación, los territorios de los vampiros tienen ese estilo decimonónico tan japones, pero tirándolo al neogótico en los edificios, mientras que el bando humano es un remedo de la UURR. Todo dentro de esa pesada penumbra solo rota en ocasiones para que podamos respirar un poco.

 

 

Descubrí este anime por casualidad y me encanto. Es de esas obras que no necesitan salvar al mundo ni hacer esas cosas super épicas que nos encantan, la épica aquí está en vivir, o, mejor dicho, en sobrevivir y tratar de ser felices todo el tiempo posible en un mundo que no te deja un respiro.

 

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