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Una historia de…Ralph Baer y la mejor tele del mundo.

Seguramente si nos preguntan por la primera videoconsola de la historia, la mayoría, y me incluyo, pensaremos en Atari, quizás algunos incluso en NES, pero antes de que estas primigenias y legendarias maquinas llegaran a nuestros hogares para cambiar el mundo del entretenimiento para siempre existió otra, mucho menos conocida, que tiene el honor de ser la primera que llevo los videojuegos al salón de nuestras casas.

 

 

Ya hablamos en otro artículo de William Higginbotham, uno de los padres, o casi mejor podríamos decir abuelo, de los videojuegos (también fue uno de los padres de la bomba atómica, pero eso es otro tema) y de su “Tennis for Two” de 1958, considerado el primero de estos, aunque sobre eso existe cierta controversia de la que ya hablé en dicho artículo.

Este era un simulador de tenis de mesa creado mediante un programa para el cálculo de trayectorias y un osciloscopio que, en 1958, sirvió de entretenimiento a los visitantes de la exposición Brookhaven National Laboratory, formando gran revuelo, pero sin posibilidades ni aspiraciones comerciales.

 

Tennis of two, la genial obra de una mente adelantada a su tiempo y el primer videojuego con movimiento e interacción en tiempo real, o para muchos, simplemente, el primer videojuego.

 

Pues hoy nos toca hablar de otro genio, y quizás, pues sobre esto, como casi sobre todo, existen opiniones discordantes, del padre de la industria del videojuego domestico; Ralph Baer.

Fue en el lejano año 1951, cuando este ingeniero estadounidense trabajaba en Loral, una empresa dedicada a fabricar equipo electrónico militar de alta tecnología para aviones, que uno de sus superiores le lanzo el encargo de crear la mejor televisión del mundo. ¡Nada menos!

Baer, un tipo inquieto y curioso, recogió el guante y pensó enseguida que esta tenía que poder interactuar de algún modo con el usuario, quizá con algún tipo de juego, para destacarse del resto, pero ni la tecnología ni las mentes de la época estaban preparadas para aquello. Hubo que esperar a 1966 para que Sanders Associates, el contratista de Defensa para el que Baer trabajaba, pusiera la vista sobre su idea de crear juegos interactivos para televisión.

Por fin Baer consiguió recursos para dedicarse a desarrollar su concepto, y paulatinamente fue creando prototipos cada vez más refinados del mismo, consiguiendo con ello más personal y financiación, hasta llegar, en 1969, al séptimo y definitivo modelo, la conocida como “Brown Box“, llamada así por la carcasa de madera marrón que cubría un aparataje compuesto de 40 transistores y 40 diodos, capaces de generar señales simples en una pantalla de televisión y reproducir, mediante el cambio de unas tarjetas, diferentes juegos controlados mediante unos primitivos mandos, además de con una pistola de juguete adaptada para detectar estas señales, siendo este a su vez el primer periférico.

 

La “caja marrón”, diseño primigenio de lo que sería la primera videoconsola comercial.

 

Los primeros juegos eran extremadamente básicos, pues el ingenio apenas podía representar en pantalla un par de pixeles en movimiento, además de carecer de sonido y de que los jugadores debían llevar las puntuaciones con lápiz y papel. Aun así, esto era una auténtica revolución conceptual, dando lugar a algunos de los primeros videojuegos domésticos; una especie de pilla-pilla, futbol, voleibol, criquet, y una versión simplificada del “Tennis of Two” de Higginbotham, que a la postre sería el primer gran éxito mundial de la industria, aunque para desgracia y enojo de Baer, la verdadera fiebre por este ping-pong virtual, y con ella el pelotazo comercial y el inicio oficial de la era de los videojuegos no se daría en su máquina. Pero ya comentaremos eso cuando hablemos de Atari.

La cosa es que, tras ofrecer la innovación a varios fabricantes de televisores y ser rechazado en numerosas ocasiones, fue en 1971 cuando Magnavox se hizo cargo del proyecto, y en 1972 fue lanzada al mercado, con un diseño más atractivo y mayor numero de juegos, Magnavox Odyssey, la primera videoconsola, con un éxito destacable, que pudo haber sido mucho mayor de no ser por varios factores ajenos a Bear.

 

Dos pixeles, una línea vertical y dos mandos, no hace falta nada más para viciar como locos.

 

El primero fue que solo se puso a la venta en las tiendas de la compañía, dando a entender además que el nuevo ingenio solo funcionaba con sus televisores, lo cual no era cierto, con el objetivo de vender más de estos, que al final era lo que a ellos les interesaba a corto plazo, sin darse cuenta de las enormes posibilidades mercantiles que aquella “caja marrón” poseía por sí misma.

Esto, unido al “plagio” de su juego estrella por parte de la competencia, que sí supo ver su potencial, y al precio inflado por la cantidad de añadidos que incluía, entre ellos láminas de papel trasparente pintadas que, pegadas a la pantalla de la tele por la estática, completaban los gráficos de algunos juegos, o unos dados de póker ¿? Además de vender por separado de su complemento más llamativo, la pistola, menguo la popularidad de la Odyssey.

Aun así, se calcula que en el primer año se vendió la nada desdeñable cifra de unas 100.000 unidades de la misma, calculándose la venta total en los tres años que estuvo en el mercado en unas 350.000 unidades en todo el mundo. Un éxito, si, pero que, teniendo en cuenta lo que vendría poco después con Atari y su “Pong”, se antoja exiguo.

Tampoco ayudó la proliferación de clones, de los cuales cabe destacar como curiosidad el primero de todos ellos, que al mismo tiempo fue, en 1974, la primera videoconsola creada en Europa. De esto se encargó de la empresa española Inter Electrónica SA, lanzando al mercado la llamada Overkal.

Y es que ahí se juntaron dos de las características patrias más reconocibles; por un lado el ingenio, como representan Juan de la cierva, Isaac Peral o mi paisano Emilio Herrera, precursores del helicóptero, el submarino y el traje espacial, hay es nada, y por otro la picaresca, de la cual tenemos numerosos ejemplos en nuestra historia y literatura.

De este modo, la destacada y avispada empresa electrónica se adelantó a todo el mundo a la hora de copiar, sin sonrojo y casi pieza por pieza, la máquina de Megavox, al tiempo que se le añadieron destacadas mejoras que, según se cuenta, y ya asumiendo con amargura que su invención había escapado de sus manos, el propio Bear aplaudió como una autentica versión mejorada de su invento.

 

Overkal, la primera videoconsola europea, obra del ingenio y la picaresca españolas.

 

En cualquier caso, Ralph Baer se retiró del campo de juego electrónico bastante hastiado por todas estas situaciones, pero tiene el honor de ser el padre de los videojuegos domésticos, y aunque su nombre no sea especialmente reconocido, sí que con el tiempo se le ha valorado, e incluso condecorado en su país como lo que es, un pionero y un genio.

Así que ya sabéis, cuando estéis echando unas partiditas en casa al Fornite, al FIFA (o como quiera que se llame ahora) al COD o a lo que gustéis viciar, recordar que es gracias, en gran parte, a un tipo que quiso hacer la mejor televisión del mundo, y en su empeño dio los primeros pasos para crear la mayor industria de entretenimiento de la historia.

Eso sí que es pensar fuera de la caja.

Santiago
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