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Un mundo feliz, de Aldous Huxley

Un mundo feliz, de Aldous Huxley

 

 

Un mundo feliz, de 1932, es la obra cumbre de Aldous Huxley, un autor genial a la par que filósofo clarividente que tuvo mucha influencia en la cultura de los años sesenta. En está falsa utopía distópica discurre, entre otras cosas, sobre el origen o no de la felicidad y la eterna búsqueda de esta por parte del ser humano, y de como hasta en un mundo supuestamente perfecto como el que nos presenta hay lugar para el descontento y la angustia tan propias de nuestra especie.

 

 

Antes de nada, vamos a situarnos en este mundo feliz, ya que su filosofía, estructura y organización social son el verdadero protagonista. Este está constituido sobre tres patas, a saber…

Para empezar, la intervención genética de los individuos desde la concepción, la cual no se realiza ya de la forma tradicional, si no en unos laboratorios en cuyas instalaciones da comienzo el relato, y usando para ello unas técnicas tan rudimentarias como imaginativas por parte del autor, al menos a nuestros ojos, pues este se basaba de manera profusa y concienzuda en lo que la ciencia del momento sabía, que claro, está a un mundo de distancia de lo que se sabe sobre genética en la actualidad, y creando con ellas humanos de distintas niveles en lo físico y lo intelectual catalogados como A, B, C… y en donde cada clase está diseñada para realizar unas funciones en esta sociedad.

Pero por la complejidad del ser humano esto no es suficiente, y aquí entra la segunda pata; el condicionamiento.

Desde recién nacidos, los pequeños, criados de manera comunal, son acondicionados con técnicas tanto directas como subjetivas para reforzarlos en el deseo por ser felices dentro de la clase que les toque, aparte de otras cosas que los harán buenos ciudadanos. Todo en sus vidas irá guiado de principio a fin buscando ese objetivo. Por ejemplo, un ser humano de clase A estará destinado a grandes cosas; ser un dirigente o algún alto cargo, los B irán a los puestos inmediatamente inferiores, y así con todos.

 

 

De este modo, y con el condicionamiento de años, alguien de la clase B estará feliz de serlo, pues le han metido en el subconsciente que ser B es lo mejor, sin tener las responsabilidades de un A, pero superior a un C, que serán funcionarios o técnicos de algún tipo y que tampoco desearán otra cosa que ser eso. Y los de nivel más bajo serán igual de dichosos, contentos con los trabajos más básicos sin las complicaciones de los de clase superior. Además, las enfermedades no existen, ni la pobreza ni la guerra ni los conflictos sociales, y a lo largo de sus vidas se mantienen bastante jóvenes y activos, y ni siquiera la muerte es algo demasiado perturbador para ellos.

El invento crea una sociedad en principio feliz pero que, rascando un poco, vemos que tiene sus fallas, pues el ser humano es mucho más complejo que todo eso y le cuesta adaptar todos sus instintos naturales por esta vida tan idílica como artificial. “La vida se abre camino” que dijeran en Parque Jurásico. Y para resolver esto está el antes mencionado Soma, la tercera pata sobre la que se sostiene esta utopía, que es un medicamento para cuando cualquier persona de cualquier clase se encuentra decaída o piensa más de la cuenta. Una placentera droga que borra las dudas y los pensamientos oscuros y que tiene la ventaja de no tener contraindicaciones.

Toda esta vida perfecta hace que tengan que renunciar a muchas cosas; La individualidad, la libertad de elegir tu camino, la familia, el amor, o el derecho a no sentirte bien con tu realidad y querer cambiarla, y aunque gracias al acondicionamiento ni siquiera piensan en eso de forma consiente, en ocasiones necesitan de la mágica pastillita para acallar esos instintos naturales que subyacen en lo más profundo y que contradicen todo lo que les han enseñado.

 

 

Y aquí llegara nuestro protagonista, el cual no encuentra su sitio en esta sociedad, lo que le hace sentirse incomodo y hacerse las preguntas que otros no se hacen, y que además no quiere una droga que apague esas voces, si no respuestas, lo cual le causará problemas y desatará unas desventuras que le llevaran a conocer algunas alucinantes verdades vetadas al resto está idílica sociedad, de las que por supuesto no os voy a contar nada.

Este es un relato que, a pesar de contar con casi un siglo desde su publicación, nos habla de los males del mundo moderno; la alienación, el vacío existencial y el recurso cada día más común de recurrir a ciertas sustancias para sentirnos bien, a pesar de que en nuestro mundo moderno occidental la mayoría de las personas lo tenemos todo, o al menos mucho más de lo que ha tenido el ser humano a lo largo de toda su existencia y de lo que tiene la mayor parte de la humanidad hoy en día. Y aun así los problemas de adicciones y de salud mental parecen multiplicarse, adelantándose Huxley en muchas décadas a nuestros tiempos.

¿Cuántos casos conocemos de personajes que tienen dinero, poder, fama o admiración y se hunden en la desesperanza, las drogas y la autodestrucción, llegando muchas veces a costarles la vida? O sí llegar tan lejos, personas comunes que tienen salud, familia, amigos y una vida más o menos desahogada, y aún así caen en las garras de la tristeza, cuando no de la depresión. Nadie está libre de la angustia, la melancolía o las dudas, y muchos recurren a las drogas, legales o no, o a cualquier otro tipo de adicción para sobrellevarlo y no pensar demasiado, con lo que esto conlleva.

 

 

Así que sí algo puedes sacar de esta obra, más allá del placer de leerla y de descubrir los misterios que esconde, es que te puede ofrecer un punto de vista sobre la desidia y el descontento propios de nuestro propio mundo feliz. El bueno de Huxley lo vio venir de lejos, y dio en el clavo con muchas cosas, así seguro que alguna conclusión podrás sacar para esta tormenta de obligaciones, estrés y angustia de la vida moderna en la que nos vemos arrostrados la mayoría.

La que saque yo fue que la felicidad, por mucho que esto suene a frase vacía de taza de desayuno, solo se haya dentro de nosotros y no fuera, por más perfecta o imperfecta que sea nuestra vida, y ahí es donde tenemos que buscarla.

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