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Una historia de…Space Invaders, el videojuego que conquistó el mundo

Space Invader nació en 1978 de la lúcida mente del desarrollador japonés Tomohiro Nishikado. A este le causo un gran impacto la historia de La guerra de los mundos, y esa especie de pulpos gigantes que atacaban la tierra, y de ahí nació el archiconocido y algo viejuno concepto de “jugar a los marcianitos”, al tiempo que el primer videojuego japones de éxito, y quizá el más importante de la historia de la industria.

 

El creador y su criatura

 

Y digo quizás, porque el genial nipón se inspiró en el Break Out de Atari, que a su vez era una evolución del Pong, que no era más que la versión comercial del concepto experimental del “Tennis for two” de 1958 y que…Bueno, que a nadie se le aparece una luz camino de Damasco, que diría Rodrigo Cortes, sino que todo viene de algo, y los absolutismos nunca son justos.

 

Matar marcianitos, tan simple como divertido

 

Pero sí que podemos concertar que es un enorme hito y que cambio la concepción que hasta entonces había del mundo de los videojuegos. Aquí van algunos ejemplos de eso; en Japón hubo escases de monedas de 100 yenes, que son las que se usaban para jugar, y el gobierno tuvo que hacer más, los salones recreativos pasaron a llamarse “The invaders house”, supuso multiplicar por cuatro las ventas de la “Atari 2600”, con cuya domestica versión se celebró en 1980 el primer gran campeonato oficial de lo que podríamos denominar proto-eSport (Existieron otros amateurs, como el originario de la universidad de Stanford de 1972), y de donde salió victoriosa Rebecca Heineman, una joven californiana, leyenda del mundo gamer y que tendrá su propia y merecida historia dentro de estos artículos.

 

Primer campeonato oficial de videojuegos

 

Tomohiro cuenta que fue consciente de lo enorme del éxito de su criatura cuando vio como descargaban un camión cargado de sacos de dinero en las oficinas de la mítica Taito CO, la compañía para la cual lo desarrollo. Y es que el joven prodigio de la programación había dado en la diana con algunas ideas.

El juego era fácil de manejar, pero difícil de dominar, pues a cada oleada de invasores le seguía una más terrible, lo que lo hacía muy adictivo, dando con un concepto fundamental de los videojuegos, la curva de dificultad. Esta tenía que ser lo suficientemente dura para que no pasara como con otros videojuegos de la época, que con un par de semanas expuestos en un salón empezaban a bajar significativamente sus ingresos, pues los jugadores se lo aprendían y jugaban durante horas con una sola moneda, pero sin ser frustrante, esa fina línea.

 

Típica “Sala de máquinas”, donde estas se disputaban y nuestra atención junto a nuestras escasas monedas

 

Otra gran idea del creador japones fue la de los marcadores y la concepción de “puntuación más alta”. La competitividad va ligada a los videojuegos desde el inicio, pero las tablas de puntuaciones son una formula muy propia de estos. Jugar en un arcade y dejar tus iniciales en el 1er puesto es una sensación única, pues sabes que nadie a sido mejor que tú en esa maquina en concreto, y eso es adictivo.

 

Clásica tabla de puntuación donde todos queríamos dejar nuestra marca

 

En definitiva, de eso va todo esto, pues la moneda que hechas por la ranura ya no volverá jamás, y tiene que merecer la pena lo que te ofrece a cambio. Y en este caso vaya si lo merecía, por eso el éxito de Space Invader fue un antes y un después en el mundo de los videojuegos, y a llegado hasta nuestros días como un icono pop, mil veces repetido en el cine, la televisión, la literatura o la moda, marcando la vida de muchas personas y que aún hoy mantiene una enorme comunidad de apasionados fans.

 

Space Invaders ha llegado hasta nuestros días fresco como una lechuga

Y es que siempre a sido divertido eso de “jugar a los marcianitos”

Santiago
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